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Ciencia y Tecnologia

Por si no había suficiente “gasolina” en 2026, el ataque de un dron ruso ha cruzado una línea roja: la de Chernóbil

today8 de junio de 2026

Por si no había suficiente “gasolina” en 2026, el ataque de un dron ruso ha cruzado una línea roja: la de Chernóbil
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Por si no había suficiente “gasolina” en 2026, el ataque de un dron ruso ha cruzado una línea roja: la de Chernóbil

Por si no había suficiente “gasolina” en 2026, el ataque de un dron ruso ha cruzado una línea roja: la de Chernóbil

A comienzos de la década de 1980, un satélite soviético detectó lo que parecía ser el lanzamiento de varios misiles nucleares estadounidenses. El oficial de guardia, Stanislav Petrov, sospechó que algo no encajaba y decidió no informar de un ataque inminente. Tenía razón: los sensores habían confundido reflejos del sol sobre las nubes con misiles reales. Aquella decisión evitó una posible escalada nuclear durante uno de los momentos más tensos de la Guerra Fría.

Chernóbil, otra vez. En una guerra donde los drones ya atacan aeródromos estratégicos, bases militares y centros industriales situados a cientos de kilómetros del frente, parecía difícil encontrar una nueva línea roja. Sin embargo, un ataque ruso contra una instalación relacionada con el combustible nuclear gastado cerca de Chernóbil ha reavivado uno de los fantasmas más persistentes de Europa. 

No se produjo una fuga radiactiva ni se superaron los límites de seguridad, pero el simple hecho de que un dron impactara en una infraestructura vinculada al lugar del peor accidente nuclear de la historia moderna bastó para generar alarma internacional. Casi cuarenta años después de la catástrofe de 1986, el nombre de Chernóbil sigue teniendo una capacidad única para despertar preocupación dentro y fuera de Ucrania.

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La instalación de almacenamiento nuclear gravemente dañada en la zona de exclusión de Chernóbil tras los ataques de drones rusos

La zona de exclusión. Según las autoridades ucranianas, un dron ruso tipo Shahed impactó de madrugada contra el edificio de recepción de la Instalación Centralizada de Almacenamiento de Combustible Nuclear Gastado situada en la zona de exclusión de Chernóbil. La explosión provocó daños significativos en la estructura y desencadenó un incendio que fue extinguido rápidamente. No hubo víctimas y el combustible nuclear almacenado no resultó afectado directamente, ya que los contenedores no se encontraban en la parte alcanzada por el ataque. 

Aun así, la instalación forma parte de la infraestructura destinada a almacenar durante décadas residuos procedentes de las centrales nucleares ucranianas, lo que convirtió el incidente en un asunto de gran sensibilidad política y estratégica.

Por qué preocupa. La inquietud no surgió por los daños materiales, sino por lo que podría haber ocurrido en un escenario peor. El Organismo Internacional de Energía Atómica confirmó que muy cerca del edificio alcanzado existe una gran cantidad de material nuclear almacenado bajo estrictas medidas de seguridad. 

Aunque los niveles de radiación permanecieron normales, el episodio volvió a poner sobre la mesa una cuestión que acompaña al conflicto desde 2022: la vulnerabilidad de las instalaciones nucleares en una guerra donde los drones, los misiles y los ataques de largo alcance forman parte de la rutina diaria. Cada incidente obliga a recordar que una infraestructura diseñada para operar en tiempos de paz ahora existe dentro de una zona de combate.

Una presión constante. El ataque no es un hecho aislado. Durante los últimos años, la guerra ha situado repetidamente a las instalaciones nucleares ucranianas en el centro de la preocupación internacional. El ejemplo más conocido es la central de Zaporiyia, la mayor de Europa, ocupada por fuerzas rusas desde 2022 y escenario habitual de acusaciones cruzadas sobre bombardeos, sabotajes y amenazas a la seguridad. 

A ello se suma el precedente de febrero de 2025, cuando otro dron dañó el gigantesco arco de confinamiento construido para cubrir el reactor número 4 de Chernóbil. Aunque entonces tampoco se produjo una emergencia radiológica, el incidente dañó parte de las capacidades de protección de la estructura.

Una dimensión simbólica. Más allá de sus efectos físicos, el ataque parece tener una enorme carga simbólica. Ucrania lo presenta como una demostración de que Rusia está dispuesta a asumir riesgos relacionados con la seguridad nuclear para aumentar la presión sobre Kiev. Moscú, por su parte, no ha reconocido responsabilidad alguna. 

Lo cierto es que el episodio se produjo en un momento de intensificación de los ataques de largo alcance por ambas partes, con drones golpeando objetivos cada vez más profundos y sensibles. En ese contexto, alcanzar una instalación vinculada a Chernóbil envía un mensaje que trasciende el campo de batalla y busca impactar también en la percepción pública internacional.

El retorno del miedo nuclear europeo. Lo hemos ido contando. La guerra de Ucrania ha demostrado que los riesgos nucleares del siglo XXI no se limitan a las armas atómicas. Centrales eléctricas, depósitos de combustible gastado, líneas de suministro energético y complejas infraestructuras de seguridad pueden convertirse en objetivos o verse atrapadas en el conflicto. 

Por eso el incidente de Chernóbil ha tenido tanta repercusión pese a no provocar consecuencias radiológicas inmediatas. En una Europa ya marcada por la guerra, la carrera armamentística y las tensiones entre grandes potencias, el ataque ha servido para recordar que el legado de Chernóbil sigue presente. El accidente de 1986 pertenece al pasado, pero el temor que inspira continúa siendo una de las herramientas psicológicas más poderosas del continente.

Imagen | IAEA Imagebank, Energoatom/Telegram

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La noticia

Por si no había suficiente “gasolina” en 2026, el ataque de un dron ruso ha cruzado una línea roja: la de Chernóbil

fue publicada originalmente en

Xataka

por

Miguel Jorge

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Escrito por Redacción Terra FM

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