TERRA 95.5 FM Las Terrenas | República Dominicana
En las últimas semanas, Estados Unidos ha concentrado centenares de aeronaves y activos de apoyo en torno a Oriente Medio, mientras los satélites comerciales captaban movimientos inusuales en torno a la capital iraní. Esa combinación de despliegues y reposicionamientos ha elevado la tensión y ha obligado a replantear los cálculos sobre lo que realmente implicaría un choque directo.
La tentación de copiar Caracas. Recordaba esta mañana el New York Times que cuando Donald Trump comparó una eventual ofensiva contra Irán con la operación relámpago que permitió capturar a Nicolás Maduro en Caracas, planteó la idea de una acción rápida, quirúrgica y decisiva. El problema es que el paralelismo es bastante engañoso desde su base estratégica.
Venezuela ofrecía un espacio aéreo envejecido y débilmente defendido, además de un objetivo político accesible, mientras que Teherán está respaldado por una estructura teocrática consolidada durante casi medio siglo, una Guardia Revolucionaria de unos 150.000 efectivos y una red regional de milicias que pueden abrir múltiples frentes. No existe una opción “limpia” ni de bajo coste, y cualquier intento de decapitación del régimen implicaría una campaña sostenida con riesgo real de bajas estadounidenses y de escalada regional. Y no solo eso.
Las imágenes satelitales. Las últimas imágenes comerciales desde el espacio a través de Airbus y Planet Labs han mostrado algo que cambia el cálculo: la reubicación de sistemas S-300 de largo alcance alrededor de Teherán e Isfahán, acompañados por el sistema de guerra electrónica Cobra-V8 en posiciones clave al sur de la capital.
Este binomio combina interceptores capaces de alcanzar objetivos a cientos de kilómetros con potentes capacidades de interferencia en bandas críticas para radares, enlaces satelitales y pods de designación, lo que apunta directamente a la “kill chain” estadounidense antes incluso de que los misiles entren en su zona de alcance. La señal es clara: Irán no solo quiere o puede disparar, también quiere cegar, degradar y forzar a los atacantes a operar más cerca y con mayor exposición.

Un escudo que complica el ataque aéreo. El S-300PMU-2, con misiles de alta velocidad y radares tridimensionales optimizados para detectar blancos a baja cota, tales como drones y misiles de crucero, constituye la capa dura del sistema iraní, mientras que el sistema Cobra-V8 busca erosionar y desgastar la ventaja sensorial de plataformas estadounidenses como AWACS o incluso aviones de supresión electrónica.
Aunque existen dudas sobre la integración total de estos sistemas y sobre la ausencia de cazas avanzados que actúen como sensores elevados, su despliegue cerca de la capital sugiere una arquitectura pensada para sobrevivir a la primera oleada de ataques y obligar a Washington a dedicar recursos adicionales a la supresión y a la guerra electrónica. En otras palabras, ya no se trata solo de lanzar bombas, sino de ganar una batalla previa en el espectro electromagnético.
Misiles y múltiples frentes. A este blindaje defensivo se suma uno de los arsenales de misiles más amplios de Oriente Medio, con sistemas de alcance medio capaces de golpear bases estadounidenses y ciudades aliadas a más de 2.000 kilómetros, además de drones, armas antibuque y pruebas recientes de defensa aérea desde el mar en el estrecho de Ormuz.
De hecho, es completamente plausible que Irán pueda escalar rápidamente a través de su llamado “eje de resistencia”, activando a Hezbolá, a los hutíes o a milicias iraquíes para dispersar el coste y ampliar el teatro del conflicto. Todo ello, por supuesto, mientras amenaza una vía por la que transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas mundial. La lógica, por tanto, es disuasoria: cualquier golpe contra Teherán tendría eco inmediato en Israel, en el Golfo y en el comercio energético del planeta.
Una sangría en ambas direcciones. El resultado de esta ecuación es que la comparación con Caracas se diluye frente a un escenario donde la capital iraní se ha convertido en un espacio fuertemente defendido y electromagnéticamente disputado. Las imágenes satelitales no muestran un país desarmado, sino uno que ha reforzado su núcleo estratégico anticipando una campaña moderna de supresión aérea.
En definitiva, si Estados Unidos tiene pensado atacar como lo hizo en Venezuela, no se enfrentará a un vacío operativo, sino a un entorno saturado de misiles, interferencias y posibles represalias regionales, un choque en toda regla que amenaza con convertirse en un combate con bajas en ambas direcciones desde el primer día.
Imagen | Airbus, Planet Labs
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La noticia
Unas fotos de Airbus han disparado las alertas: si EEUU ataca Irán como a Venezuela va a ser una sangría en ambas direcciones
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Xataka
por
Miguel Jorge
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Escrito por Redacción Terra FM
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