TERRA 95.5 FM Las Terrenas | República Dominicana
El mayor fracaso de Steven Spielberg, quien en su día fue considerado el Rey Midas de Hollywood, no fue su película que menos recaudó: esa sería la primera hecha para cines, ‘Loca Evasión’, que consiguió solo 23 millones… pero claro, costó 1,2 millones, ganándose la confianza de la industria. Tampoco sería su mayor pérdida en taquilla: ese honor es, a la espera de ‘El día de la Revelación’, para la fantástica ‘West Side Story’ (sí, aunque se suele señalar ‘1941’, lo cierto es que esta dio dinero gracias a la taquilla japonesa). El mayor error financiero del director fue, sin duda… abrir un restaurante.
En los 90, a parte del star system, podrido de dinero y fama, le dio por abrir restaurantes. El más conocido fue Planet Hollywood, la debacle montada por Sylvester Stallone, Bruce Willis, Demi Moore y Arnold Schwarzenegger (que aún tiene 3 locales abiertos de los 60 con los que empezó), pero no podemos olvidar el Pastamania de Hulk Hogan o el Fashion Cafe que montaron Naomi Campbell, Claudia Schiffer y Elle MacPherson. Sin embargo, ningún fracaso igual que el de Dive!, el restaurante temático con forma de submarino con el que Steven Spielberg se empeñó que iba a hacer toneladas de dinero.
Steven Spielberg y Jeffrey Katzenberg, director de Disney por la época, estaban convencidos de que el público de Los Angeles estaba deseando cenar en un sitio que fuera un submarino por fuera y por dentro, con constantes sonidos de submarino por el hilo musical y que sirviera… submarinos. El 11 de mayo de 1994, Dive! abrió su primer local con capacidad para 300 personas, y Spielberg creyó que todo el mundo le acompañaría en su pasión por recorrer el fondo del océano. Tanto, que metió 7 millones de dólares para su construcción, con la idea de llegar a construir más de 60 locales en todo el mundo.
Solo construyó tres: uno en Los Angeles, en el centro comercial Century City; otro en Las Vegas, que abrió en 1995… ¡Y otro en Barcelona! Concretamente en el Maremagnum, que fue el último en abrir, en 1996, y el primero en cerrar, en 1998. No es que el resto duraran mucho más: en el 2000 ya habían cerrado todos, dejando el sueño de Spielberg incompleto. Por lo visto, los que no fuimos tampoco nos perdimos nada: el plato estrella eran, claro, los sándwiches submarinos (gordos y grandes, al estilo Subway, los favoritos de Spielberg cuando crecía), pero no tenían nada de especial más allá de la temática.

En la carta ofrecían patatas fritas, zanahorias fritas, sopa de cebolla francesa al horno o ensalada de vegetales a la plancha, pero todo el mundo que iba (en Estados Unidos lo frecuentaban, por ejemplo, las gemelas Olsen, Michael Keaton, Pierce Brosnan o Rob Reiner) acababa pidiendo un sándwich submarino, básicamente porque el menú se reducía a eso, con variedades tan «deliciosas» como el Shrimp Club, Pollo frito o Champiñones, pollo y queso al horno. Este último, por hacerte una idea, costaba 9,95 dólares de entonces, el equivalente a 21 dólares de ahora. Ya podía saber a gloria, vaya. Pero más allá de la comida, ¿qué era lo que hacía especial a este sitio?
Hay quien iba por los cócteles, mucho más tematizados que el resto de la comida, con nombres como (os juro que no me lo invento) «Tropical Torpedo», «Polaris Punch», «Antarctic Capuccino» o «Poseidon Piña Colada». Toda una tarde de brainstorming. Pero lo único que realmente valía la pena era la experiencia, en la que niños y adultos (probablemente aguantando a los niños hiperactivos) podían sentirse a bordo de un submarino real: todo estaba tematizado como tal, con paneles de control, válvulas o incluso torpedos donde podías sentarte a comer y periscopios donde observar lo que pasaba fuera.

El hilo musical, en lugar de tener las canciones de la época, tenia ruidos y sonidos de submarino, y cada 45 minutos se escuchaba un «¡Inmersión, inmersión!» seguido de turbulencias en el resto del submarino, las luces parpadeando y efectos de humo. La típica comida tranquila con tu familia donde todo a tu alrededor se mueve como si fuera un terremoto: es fácil ver por qué la gente no quería repetir. Pese a todo, y como experiencia que atesorar, llegaron a conseguir que el 40% de los ingresos vinieran del merchandising. O lo que es lo mismo: 3000 clientes al día pasaron por la tienda de regalos, donde podías ir sin necesidad de entrar a comer. En fin, cosas de los 90.
Por mucho que se anunciaran en televisión con técnicas muy de los 90, con un locutor emocionado afirmando «¡Sumérgete! En una selección de deliciosos bocadillos SUBmarinos. Ensaladas SUBstanciosas, pastas frescas, platos principales asados en horno de leña y postres para chuparse los dedos. Disfruta de una comida SUBlime en un ambiente SUBmarino lleno de diversión, con ventanas redondas que burbujean, indicadores, un recorrido en vídeo bajo el agua y un periscopio que funciona de verdad con vistas panorámicas de la ciudad», la cosa no remontó el vuelo. Ya al abrir el restaurante de Las Vegas se dieron cuenta de que 60 locales no iban a poder ser, y rebajaron las expectativas a 10. Después, 3. Al final, 0.
El libro de Zagat llegó a afirmar, como resumen del restaurante, «Demasiadas campanas y silbatos, es como comer en una máquina de pinball. Solo le puede interesar a los niños menores de 10 años». Tampoco podemos culpar a Spielberg por su idea: en ese momento era productor de ‘SeaQuest’, y a la gente parecía gustarle, así que… ¿Por qué no iban a querer cenar en un submarino que tiembla cada 45 minutos pagando precios absolutamente locos y excesivos por ello? Nunca sabremos dónde falló la idea.
¡Ah! Spielberg no volvió a meterse en un restaurante temático, pero su familia sigue teniendo uno en funcionamiento, The Milky Way, que ofrece comida kosher en Los Angeles. Eso sí, no hay asientos con formas de torpedo. No se puede tener todo.
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La noticia
El mayor fracaso de Steven Spielberg no fue en el cine, sino en un restaurante-submarino que llegó a abrir en Barcelona y fue calificado como «comer en un pinball»
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Espinof
por
Randy Meeks
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Escrito por Redacción Terra FM
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