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Durante la última década, España ha acelerado la instalación de parques eólicos y solares, especialmente en la «España vaciada», con la promesa de convertirse en el laboratorio verde de Europa. Sin embargo, al llegar a 2026, el sistema ha chocado contra un muro invisible pero infranqueable: los cables. El motivo es un «puente roto», ya que la energía limpia nace en el campo, pero no llega a las ciudades ni a las fábricas porque la infraestructura de transporte no existe o está saturada.
La situación es crítica. Según adelanta El Economista, la red eléctrica española ha «colapsado» administrativamente y, a efectos prácticos, está cerrada para nuevos proyectos. Ya no hay margen para admitir nuevas peticiones de conexión, lo que significa que miles de viviendas, centros de datos e industrias están recibiendo un «no» por respuesta al pedir un enchufe. La documentación técnica de Red Eléctrica confirma esta parálisis con listados interminables de nudos sometidos a concurso de capacidad, desde Algeciras hasta Arrigorriaga, evidenciando un bloqueo que recorre toda la península.
El «Día D» que nunca llegó. El detonante de esta crisis tiene fecha y hora. El sector eléctrico esperaba con ansiedad el 2 de febrero de 2026, día en que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) debía publicar los nuevos mapas de capacidad de acceso, el «semáforo» que indica dónde cabe más consumo. Pero los mapas no llegaron.
En una maniobra de última hora, la CNMC ha pospuesto la publicación hasta el lunes 4 de mayo de 2026. La decisión responde a una alerta crítica lanzada por el operador del sistema (REE) el pasado 26 de enero: bajo los nuevos y estrictos criterios técnicos, «aproximadamente el 90% de los nudos de la red de transporte tendrían su capacidad de acceso nula».
El problema es más profundo. Por un lado, la aplicación del «criterio dinámico» ha revelado que más de 9 GW de demanda ya autorizada —principalmente centros de datos y electrolizadores— podrían no ser lo suficientemente robustos frente a «huecos de tensión» (bajadas bruscas de voltaje), lo que obliga a cerrar el grifo por seguridad. Por otro lado, el consenso es inexistente: Red Eléctrica y las distribuidoras solo han logrado acordar los valores de referencia en el 26% de los nudos de interconexión, una cifra que en el caso de algún distribuidor se desploma hasta apenas el 11%.
Un atasco con consecuencias reales. Lejos de ser un mero trámite de despachos, tiene consecuencias devastadoras para la economía real. El tapón energético se ha convertido en el nuevo freno al ladrillo: el año pasado solo se concedieron el 12% de las solicitudes de conexión para nuevos desarrollos urbanísticos. La patronal Asprima estima que unas 350.000 viviendas están en riesgo de no poder construirse, no por falta de suelo o dinero, sino por la simple falta de potencia eléctrica.
El impacto tiene rostros concretos. Un ejemplo que exponen en El Economista es el de la Costa del Sol, donde el retraso en la construcción de una subestación en Estepona y su línea asociada mantiene en vilo la calidad del suministro y la capacidad de conexión de un total de 72 familias.
La guerra de la inversión. Existe una falta de inversión crónica en la infraestructura básica. Mientras Europa invierte de media 70 céntimos en redes por cada euro de generación renovable, España se queda en apenas 30 céntimos. Esto ha desatado una guerra abierta. Las grandes eléctricas (Aelec) acusan a Red Eléctrica (Redeia) de haber invertido por debajo de lo planificado, provocando la precariedad actual.
Redeia se defiende con contundencia, asegurando que ha cuadruplicado su inversión hasta superar los 1.500 millones en 2025. Además, el operador del sistema esgrime un dato de calidad demoledor para negar el mal estado de la red: el tiempo de interrupción medio anual es de apenas 0,46 minutos, un valor 30 veces mejor que los 15 minutos que exige la normativa.
La burbuja especulativa. En medio del caos, florece la especulación. La CNMC ultima un informe completo —una suerte de auditoría «forense»— para poner orden en el sistema. Según Expansión, existen solicitudes de acceso por 67.100 MW, una cifra desorbitada que equivale a la mitad de toda la potencia instalada en el país. El regulador sospecha que hay duplicidades masivas y proyectos «fantasma» que acaparan nudos con el único fin de revender los permisos, bloqueando el acceso a industrias reales.
Tres meses de infarto. Ante la gravedad del escenario, el sector afronta ahora una tregua de tres meses, hasta mayo, para intentar evitar el cierre total de la red.
Crisis de confianza institucional. A pesar de la prórroga, la inseguridad jurídica es latente. Las eléctricas temen que industrias que ya tenían el acceso concedido puedan perderlo al aplicarse los nuevos criterios más restrictivos. Óscar Mosquera, experto del sector, advierte en LinkedIn sobre una «descomposición regulatoria». «La red ya no es solo infraestructura, es institución», afirma Mosquera. Su diagnóstico es lapidario: «Un sistema que invita a invertir y luego no conecta no es prudente, es incoherente. Ese es el verdadero riesgo país».
Mientras la administración busca soluciones, la demanda real no espera a la burocracia. Joaquín Coronado destaca que la demanda eléctrica ha crecido un 3,7% en el arranque de enero de 2026, superando las previsiones oficiales de la propia CNMC. La economía española intenta acelerar, pero la realidad física se lo impide.
Un país desconectado de su propio futuro. España se encuentra en una encrucijada irónica y peligrosa. Tras años de esfuerzo titánico para liderar la transición verde y atraer la reindustrialización digital, el país descubre que su sistema nervioso —la red eléctrica— ha sufrido una trombosis. Como resumen las fuentes empresariales consultadas por El Economista: «Los planes son muy bonitos, pero hay que construirlos». La batalla de los próximos meses no será solo técnica, sobre voltios y amperios; será una batalla política y económica para decidir quién entra y quién se queda fuera del futuro eléctrico. Porque de nada sirve tener el sol, el viento y los proyectos, si al final del día, no hay dónde enchufarlos.
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El gran atasco eléctrico de España: tenemos luz de sobra, pero faltan cables para construir casas e invertir más
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por
Alba Otero
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Escrito por Redacción Terra FM
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