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Cuando se trata de plantas resistentes a la escasez de luz, casi siempre salen a escena el poto y la sansevieria. Como la realidad doméstica no es un catálogo de Instagram con ventanales infinitos, sino pisos interiores, bajos con luz escasa y recibidores donde el sol apenas firma autógrafos, elegir bien la vegetación es casi una cuestión de supervivencia botánica.
Sabemos sobradamente que introducir verde en zonas sombrías ayuda a equilibrar el ambiente y aportar sensación de frescura natural, incluso cuando la orientación no acompaña. El problema es que no todas las especies toleran la penumbra con la misma elegancia. Algunas sobreviven; otras, simplemente, se resignan.
En viviendas urbanas, especialmente en pisos compactos, las plantas de interior se han convertido en un recurso clave para suavizar líneas rectas y materiales fríos. Pero conviene recordar que la fotosíntesis no entiende de tendencias: sin luz directa, muchas especies languidecen antes de tiempo.
Una de las opciones más recomendadas es la cuna de Moisés (Spathiphyllum). De hojas verde intenso y brillo casi esmaltado, se adapta bien a la luz indirecta y puede incluso florecer si las condiciones son favorables. Desde EcologíaVerde destacan su capacidad de adaptación a entornos con luminosidad reducida y su fama como planta purificadora del aire.
Cuna de Moisés
En espacios pequeños o recibidores con poca claridad, las marantas aportan un punto de carácter gracias a sus hojas ovaladas con vetas rosadas y centros verde claro. Ahora bien, su estética llamativa exige compromiso: necesitan riegos frecuentes y agua sin cloro para mantenerse en buen estado. No son complicadas, pero sí reclaman cierta atención constante.
Los helechos, clásicos de patios y galerías, también funcionan en interiores con limitaciones lumínicas. Prefieren ambientes húmedos y rehúyen el sol directo, por lo que pulverizarlos con regularidad favorece su desarrollo. Su follaje ligero introduce una textura que suaviza esquinas y aporta sensación de humedad ambiental controlada.
Helechos
Cuando la prioridad es el bajo mantenimiento, la zamioculca se perfila como aliada fiable. Con una icónica hoja dura, tolera espacios con poca luz y requiere cuidados mínimos, lo que la convierte en candidata habitual para recibidores amplios o zonas de paso. Sus tallos firmes y brillantes pueden alcanzar hasta 120 centímetros, ofreciendo un porte elegante sin demasiadas exigencias de riego moderado.
Las hoyas, conocidas como plantas de cera, destacan por sus hojas gruesas y cerosas, a veces salpicadas de pequeñas manchas blancas. En condiciones de luz limitada pueden reducir su floración, pero mantienen un atractivo ornamental gracias a su follaje consistente. Cuando florecen, desprenden un aroma dulce que recuerda a la vainilla suave, aunque no siempre ocurre en espacios sombríos.
Hiedra
Para quienes prefieren especies trepadoras, la hiedra inglesa (Hedera helix) ofrece versatilidad y resistencia. Esta variedad es una de las más adaptables para espacios con poca luz y puede guiarse para crear composiciones verticales de aire clásico y romántico. Su crecimiento rápido y su facilidad de cuidado la convierten en una apuesta segura para quienes buscan decoración verde sin complicaciones excesivas
Fotos | Pexels
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La noticia
Estas plantas sobreviven con poca luz y no son ni la lengua de suegra ni el poto
fue publicada originalmente en
Decoesfera
por
Joana Costa
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Escrito por Redacción Terra FM
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